Ornamentación: el pegamento de los elementos

Hay quien piensa que la ornamentación juega un papel meramente decorativo, sin embargo es todo lo contrario.

Voy a explicar esto con el Cascanueces de Sendak (Mirad! aquí también hay un árbol… árboles por todas partes!)sendak-hoffmann-nutcracker-cover

Reconozco que no es de mis preferidos pero he querido centrarme en este ejemplo para mostrar cuán importante puede ser la ornamentación y cómo algo aparentemente decorativo es un recurso narrativo crucial.

Sendak consideraba que el ballet del Cascanueces había eliminado el espacio infantil por cuestiones estéticas en una obra donde la infancia era la esencia del cuento de Hoffmann.

Habría sido fácil renovar toda la ornamentación, hacerla más moderna, hoy pensaríamos que una estética tan bizarra no es atractiva para un niño. Pero a Sendak no le interesaba que fuera atractivo o moderno, la ornamentación nos habla de Clara, la niña protagonista apasionada y llena de imaginación trágica. No sólo nos habla de una época donde los juguetes han de permanecer en la vitrina porque son objetos muy preciados de exhibición, también nos rebela el carácter solemne de la historia. Porque El Cascanueces no tiene una vida de juguete, sino que padece un encantamiento cruel e injusto.

2013 Pacific Northwest Ballet's Nutcracker

The Pacific Northwest Ballet’s Nutcracker was created by PNB Founding Artistic Director Kent Stowell and author/illustrator Maurice Sendak. November 29th 2013. (Joshua Lewis / KOMO News)

Son los ornamentos los que nos sitúan en Navidad y nos hablan del encantamiento trágico de nuestro héroe: el cascanueces. Pero además está el hecho de que la misma ornamentación nos debía trasladar al teatro y a la danza. Y esto que parece fácil viendo la fotografía de arriba no lo es en absoluto.

En los álbumes actuales hay pocas ilustraciones donde realmente percibamos la teatralidad y la música como ocurre en El Cascanueces. Sendak hace que cada ilustración nos recuerde que estamos ante una función, sin embargo la obra no pierde por ello la expectación, sino todo lo contrario. En sus ilustraciones somos espectadores de lo que acontece gracias a esos decorados y nos conectamos aún más con Clara. Es decir, nos sitúa en un teatrillo que olvidamos al instante, igual que en el teatro real nos vemos sumergidos en la obra sin atender a las cuerdas ni a los telones.

 

Yo debía encontrar qué ornamentos serían el pegamento de mi historia. Lo que haría que mi cuento fuera único y personal pero además hiciera que la historia fuera verosímil. Y, dado que mi historia acaba en fallecimiento, decidí que mi árbol de la vida sería finalmente un árbol de la muerte. La ornamentación de mi árbol seguiría el patrón de un árbol típico mexicano, con sus animales, sus hojas, su tronco… pero todo ello debía arrojar una constante sensación de muerte. Los animales serían moscas revoloteando. Las flores no aparecerían hasta el final, hasta el cielo. Y las raíces serían bastas y rudas como ramas que abrazan la tierra. La banda de música serían esqueletos de zorras.

Porque en mi árbol también hay música. No se oye ni aparece en el texto de Afanásiev pero la encontramos en el ritmo, en la simetría y sobre todo en el tono popular.

Hay otro elemento fundamental de mi árbol: los cacharros.

En un post anterior escogí un árbol de Alfonso Castillo que cuenta el origen de la receta del Mole. Pues bien, en él utiliza los cacharros gastronómicos como elemento de ornamentación. Yo deseaba usar mi árbol para hablar de un festín, quería que el cuento sirviera para ilustrar una gran merienda y así devolver al árbol de la vida su carácter ritualístico.

Así pues comencé a planificar mi árbol como un gran juego de té donde nosotros mismos nos comeríamos a la víctima de nuestra historia: la vieja.

Esta forma de asimilar la historia me aportó otra función muy importante, mi obra no era secuencial como objeto de exhibición, pero al ser desmontable en un ritual estaba estableciendo un orden y por tanto una secuencia. Y esto era fantástico porque en cualquier objeto narrativo (un retablo, una vajilla, un pórtico, una fuente…) hay una parte de la historia que representan que se queda oculta, de alguna forma el autor o el narrador contienen el código, o la llave, que lo descifra y en mi caso sucedía lo mismo, de pronto el objeto adquiere una lectura totalmente nueva gracias al cuentacuentos que lo sabe montar y desmontar.

Anuncios