El objeto

Recuerdo que cuando Gustavo me propuso hacer un árbol de la vida pensé que se había vuelto loco. Siempre quise aprender a pintar cerámica pero un árbol de la vida… “cómo voy a hacer yo eso?!!” dije.

Los árboles de la vida son esculturas de cerámica modelada que pertenecen a la artesanía popular de México. Normalmente representan el árbol de génesis con Adan y Eva al pie del árbol. Para los que estéis por Madrid podéis ver uno fantástico en el Instituto cultural de México en España.

Hay muchas discusiones sobre su origen ya que no es posible asegurar cuándo y dónde se comenzó a modelar estos árboles de barro. El árbol es un icono común en dos culturas:

  1. la cultura Precolombina, “La raíz tiene la forma de una fauces abiertas de serpiente (signo de la diosa de la tierra). El tronco es un óvalo de amplias curvas que representa la mujer en cinta. La copa representa la esfera del cielo. ” (Ideas fundamentales del arte prehispánico en México, de Paul Westheim). El árbol estaba representado también en todos los códices como símil al origen de los primeros hombres que habitaron la tierra.
  2. la cultura católica de los conquistadores, quienes introdujeron la iconografía católica en la cerámica de México. Es lógico pensar que los conquistadores usaron el elemento más arraigado en la psique indígena (el árbol) para promover la biblia.

Hoy hay dos focos locales donde se trabajan los árboles de la vida: Izúcar de Matamoros y Metepec. Y existe una discusión infinita por ver quién comenzó y quién lo hace mejor.

Hay muchas diferencias entre ambos lugares, por ejemplo en Izúcar de Matamoros los árboles de la vida se parecen mucho a candelabros ritualísticos (lo que nos lleva otra vez a la evangelización); mientras que en Metepec el tronco se pierde en la ornamentación, todo es frondosidad y riqueza de elementos.

En algunos casos el aprendizaje de este oficio representa un legado familiar, un conocimiento y técnica que cambia según el apellido y la localidad. Cada artesano debe poner su estilo pero la técnica es usada de forma muy purista. El auténtico artesano no usa moldes, debe modelar el barro que él mismo ha preparado.

Reconozco que antes de este proyecto no conocía qué era un Árbol de la Vida… al principio pataleé un poco… pero ha resultado ser un tema fascinante e inspirador, además de ser la mejor estructura para mi Zorra Curandera por varios motivos:

  • Lo más evidente: es un árbol
  • El árbol precolombino resulta ideal para la temática de mi cuento: cielo, viejos, muerte. El viejo trepa hasta el cielo, la vieja trepa hasta la muerte.
  • La cerámica me permite jugar con los ornamentos para que éstos adquieran un sentido narrativo y no puramente decorativo.
  • El árbol de la vida representa los elementos de la historia de forma no-secuencial y se vale de jerarquías y simetrías (que en mi cuento hay unas cuantas como vimos en el primer post de este blog). Digamos que el árbol de la vida no pretende contar los detalles de la historia, no suele presentar episodios narrativos sino que busca la representación de los elementos fundamentales del tema que le inspira.
  • La unión de lo religioso con lo profano del árbol de la vida está también en el cuento de la zorra curandera.

Al investigar un poco más y dotarme de una buena galería de árboles fantásticos, me topé con un árbol de Alfonso Castillo que cuenta el origen de la receta de Mole (aquí por ejemplo vemos una estructura típica de Izúcar de Matamoros, más cercana al candelabro que al árbol frondoso de Metepec) .

linares

Veréis cómo distribuye los personajes de los que nace la receta, hay varias leyendas populares que hablan de su invención: un franciscano cocinero que debía cocinar para el arzobispo de Puebla y una monjita dominica que se quedó sin saber qué preparar en una celebración, ambos se pusieron en las manos de Dios y comenzaron a mezclar un centenar de ingredientes que allí tenían.

Por otro lado la cultura popular está en las raíces del árbol representados con los trajes populares de Puebla, ellos están al pie del horno que engendrará la receta y da ramas al árbol de la vida.

Y lo que más me llamó la atención de este árbol es que Alfonso Castillo se vale de la cerámica pintada de Talavera para introducirnos el arte de la cocina. La ornamentación es totalmente gastronómica. Sin olvidar el humor mexicano y el carácter religioso del árbol de la vida, nos presenta el sacrificio del pavo a manos de ángeles celestiales… como si la receta del mole poblano fuera obra de una iluminación divina… Esta obra me fascina.

Resulta que después de todo, el árbol de la vida, me iba a inspirar hasta el punto de guarrear toda mi casa de color teja hasta el día de hoy (y sin un final cercano). Sin saberlo y mucho después de ponerme manos a la obra descubrí en mi estantería un libro fantástico de poesía de Marco Aurelio Chavezmaya, ilustrado por Manuel Monroy, titulado Árbol de la Vida… casualidades que pasan.
PB110203

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