Los personajes: estudio

Mi historia tiene sólo tres personajes. Sencillo ¿verdad?

Un viejo y una vieja plantan una semilla cada uno. La vieja la planta en el pajar y no le da nada. El viejo la planta bajo la casa y crece un tallo… 

Aquí tenemos el primer rasgo:

  1. El viejo es fértil y capaz.
  2. La vieja es una semilla que no crece. Es descuidada.

viejo-boceto-PB110194Cuando avanzamos en el cuento, la planta crece hasta perderse en el cielo y el viejo trepará por ella para saber a dónde llega. El viejo descubre un paraíso arriba y trata de convencer a la vieja pero ésta desconfía y no quiere subir. Por lo que tenemos otra característica importante:

3. El viejo es un hombre de fe.
4. La vieja es desconfiada.

Hasta la mitad de la historia no aparece la zorra. Ella hace crecer la fe del viejo, aparece en el momento indicado prometiendo un milagro. Nuestra cultura como lectores nos advierte del engaño pero una parte de nosotros también desea creer (he aquí el momento más mágico del cuento). Por tanto hay varios rasgos que ya sabemos del personaje antes de leer el cuento y otros que añadimos en la lectura:

5. La zorra es astuta. Es un animal que no es peligroso por su tamaño o fuerza por eso debe aprovechar su astucia para comer.
6. La zorra es una animal hermoso y atractivo.
7. La zorra es  buena mentirosa (¿cómo lo hace?)

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En el taller debíamos realizar un ejercicio para construir nuestros personajes. En una lámina A3  debíamos disponer nuestros personajes como si fuera un teatro de sombras. Los personajes debían darnos a conocer, sólo con su perfil, cuáles eran sus acciones en el cuento, cuál era su personalidad y, claro está, marcar la estética de la historia que deseábamos contar.  Hay que recordar una cuestión, nuestra presentación de personajes debía contar con la dificultad de que no incluía el texto, es decir que un niño pueda entender el imaginario sin conocer necesariamente el cuento. Es lógico pensar que el niño no recreará la misma historia pero era necesario que reconociera los personajes y cuáles eran sus funciones.

Este ejercicio nos conectaba además con la teatralidad de nuestro texto. Recuperábamos así un formato fácil y económico de reproducir nuestra historia y que invitaba al lector al juego. Hans Christian Andersen hacía unos recortables preciosos, en ellos podemos ver la delicadeza del cuento de hadas y el imaginario de una representación, una forma de acotar en un pliego de papel los distintos episodios de una obra.

Yo quería que nada más ver a mis viejos fueran evidentes sus personalidades.

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Los brazos del viejo debían ser como una planta que brota, mientras que la vieja debía estar encogida y oronda como una semilla sin tallo.  Fue difícil dar con una postura que insinuara la edad del viejo pero que no limitase su vitalidad, ya que era capaz de trepar un tallo hasta el cielo.

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Por otro lado mi zorra debía provocar la misma expectación que en el texto, quería disfrazar a la zorra pero sin tapar demasiado sus atributos animales.

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Finalmente este fue el resultado:

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